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Volvía de pasar dos semanas en Marbella, a mi amigo Miguel le había tocado algo parecido a la lotería. Su jefe le había dejado su pedazo casa, mientras él se iba de vacaciones. Una casa de esas donde sobra de tó, con amplios salones q miran a un jardín precioso, mesa de billar de las de verdad, no de esas q había en los billares cuando yo era pequeña, en fin, una monada de casa, con piscina, perro, creo q tenía cualquier detalle q uno pudiera imaginar.
Las ventanas del autobús estaban abiertas, pero el aire que entraba era pesado, caliente, comencé a notar una especie de agitación en mi cuerpo y un tremendo sofoco, sentí como su excitante mano me acariciaba bajo la camiseta. Después de palpar durante un momento aquel estimulante refugio, creí sentir q deslizaba su mano por mi vientre para llegar hasta abrirse paso entre mis muslos.
Hacía un calor sofocante, notaba como el sudor me chorreaba y como mis piernas se separaban como si siguieran el hipnótico son de alguna conocida melodía.
Fue un viaje interesante, donde jamás llegamos a cruzar palabra alguna, después de algunas horas, el viaje llegó a su fin, yo desperté y baje del autobús, él tb lo hizo, nos miramos a los ojos sin necesidad de articular palabra y, nos despedimos para siempre. Jamás volveríamos a encontrarnos.
Creo q ahora a ésto se le denomina "dogging", aunque para mí fue un encuentro casual.
