domingo, 11 de mayo de 2008

El poder de una flor


Hay hombres que me hechizan y su cercanía me hace sentir segura, son hombres de mirada serena, profunda y limpia. Hombres que no esconden nada, y sus manos parecen que estuvieran hechas para acariciarme.

Hay hombres que penetran con su mirada en el más profundo de mis secretos, y yo, me dejo acariciar el alma. Hombres cuyos ojos hablan susurrando dulces palabras de amor.

Son hombres sin dobleces, hombres de una sola cara, hombres honrados. Hombres que conservarán para siempre su corazón de niño, que cuando te hablan tienen mucho que enseñarte y a mí me gusta quedarme embobada escuchando su sabiduría, esa sabiduría que no se encuentra en la escuela; es una sabiduría que comenzó, observando a sus mayores cuando aún eran niños, que fue creciendo con ellos, es la sabiduría que aprendieron mirando al cielo, mirando las estrellas, escuchando el viento o el murmullo del arroyo que pasaba por su pueblo. Es la sabiduría que se basa en los instintos, en lo natural, es…casi salvaje.

Ayer tú me diste una flor, yo besé tu mejilla, construimos un mundo que para el resto no existía, un universo hecho sólo para los dos.

Gracias por despertar la niña que me niego a dejar de ser.

2 comentarios:

El Ratón Tintero dijo...

Me admira que hables en plural.
Suerte la tuya que has encontrado tantos y tienes donde elegir.

Leila Sand dijo...

Haberlos haylos, pero...

Uno kisses