miércoles, 23 de julio de 2008

El silencio del envidioso está lleno de ruidos (Khalil Gibran)


Si la envidia fuera tiña…, y también eso de “culo veo, culo quiero”, o, como dice nuestra querida Chinche “si tú, uno, yo... dos”.

Cuenta la leyenda que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Esta huía rápido y con miedo de la feroz depredadora, y la serpiente no pensaba desistir.
Huyo un día, y ella no desistía, dos días y nada...En el tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y dijo a la serpiente:
- ¿Puedo hacerte una pregunta?
- No he tenido este precedente con nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar...
- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
- No
- ¿Yo te hice algún mal?
- No
- Entonces, ¿Porqué quieres acabar conmigo?
- Porque no soporto verte brillar... "

¡Qué mala es la envidia! que impide disfrutar de los triunfos ajenos y acompañada de resentimiento y hostilidad, hace acusaciones infundadas, comentarios insultantes o críticas destructivas.

Le envidia, tiene efectos secundarios, la impotencia por ejemplo, por no llegar a ser jamás como "Ese oscuro objeto del deseo", o esa postura defensiva q hace menospreciar a "Ese oscuro objeto del deseo", por no hablar de la rabia q mantendrá su dependencia hacia "Ese oscuro objeto del deseo".

En fin queridos envidiosos, no puedo despedirme (me piro pa la pisci, con protección, pa no torrarme) sin daros una pequeña llave que os abrirá muchas puertas y os hará disfrutar del brillo de la luciérnaga:


"Si pudiera volver a educar a mi hijo...
construiría su autoestima primero
y la casa después.
Pintaría más con los dedos,
y señalaría menos.
Haría menos correcciones
y más conexiones.
Apartaría los ojos del reloj
y los usaría para mirar...
Me interesaría por saber menos
y aprender a interesarme más.
Haría más excursiones
y haría volar más cometas.
Dejaría de mostrarme seria
y jugaría más en serio.
Daría más abrazos
y menos tirones de orejas.
Vería el árbol en el fruto
más a menudo.

Sería menos firme
y afirmaría mucho más.
Enseñaría menos sobre el amor al poder
y más sobre el poder del amor"

de Dianne Loomans, “Si pudiera volver a educar a mi hijo…”

Uno kisses gordo sólo para los envidiosos, q lo necesitan más.

7 comentarios:

Jose Marzo dijo...

Pues que quieres que te diga Leila, que me aplicaré el cuento del poema y el texto introductorio. Y es que me como las uñas de envidiaaaaaa, aaaaaaarrrrrrgggggg.
Pero no se de qué.

(Vaya broma más tonta la mía)

Besos, bonita

Jose Marzo dijo...

Por cierto, eres una luciérnaga muy bonita. Lo que ahorrarás de luz en tu casa...

Leila Sand dijo...

Jajjajaja, me usta el cumplido porque además sé q eres uno caballero, pero amos q por mí, no era lo de la luciérnaga, sabes q soy mu modestilla.

Uno kisses de esos robaos

Jaime Garcigonzález dijo...

Quisiera ser tan alta como la luna-¡Ay,ay!-como la luna...

Jabuga dijo...

Pues si hay que entonar el "mea culpa" yo envidio tu piscina :D aunque la envidio así preparadita y limpita, como tú la tienes.

Kisses, linda, ¡¡¡adóptame!!! que yo dejo el pisito ya mismo y me voy a tu "Falcon Crest".

Jabubesos cuatrocientos

P.D.: Jaimeeeeeeeee qué bien cantas, jodío!!!

P.D.2: Ese timbre de barítono-bajo hmmmmmm es perfecto para el repertorio tradicional infantil :P

Rafael Merino Isunza dijo...

Ese tema de los apegos y la envidia está complicado; de alguna manera es un motor del mundo terreno y a su vez el freno de lo trascendente. El tema aquí es ¿cómo conciliar sin llegar a blancos y negros…?

P.S. Yo también envidio la piscina en casa, je je je…

Jabuga dijo...

¡¡Bienvenido a nuestra casa, don Rafael!!

Para nosotras es un placer leerle por aquí.

Peliaguda la cuestión que nos plantea...así que de momento, yo continúo envidiando la piscina :)