lunes, 23 de febrero de 2009

¿Superchería, fe o ciencia?



El otro día coincidí en una comida con un chico italiano, no hubiera llamado mi atención, si no fuera porque empecé una conversación casual con él que despertó mi interés.

Me habló de Fray Romano, franciscano brasileño, que obtuvo una especie de jarabe “milagroso”, mezclando una planta de aloe, miel y alcohol. Ahí va un enlace para quienes estén interesados por el tema
http://www.aloedipadreromanozago.it/esp/padre_romano_zago.htm

El caso es que me habló con absoluto convencimiento del brebaje, y de sus propiedades curativas contra el cáncer. Mientras él hablaba, yo le miraba desconfiada intentando escanear su interior, decenas de preguntas se agolpaban en mi mente y lo primero que pensé fueron cosas tan feas como “éste se cree que yo soy tonta” o “éste quiere que yo le abra mercado en Sevilla”, después decidí relajarme y dejar de observarle como si de un bichito raro se tratase e intenté ser menos quisquillosa a la hora de cribar la información que me daba.

Sé que un remedio natural y al alcance de cualquiera no es rentable para los laboratorios farmacéuticos, ni para la industria montada en torno a esta enfermedad, pero también sé la cantidad de tiempo, dinero y recursos, que se están invirtiendo en la investigación de la misma. Así que pasé del escepticismo y la incredulidad a la presunción de su inocencia.

Cuántos niños no hemos visto o incluso escuchado a los Reyes Magos, cuántos no hemos sentido al Ratoncito Pérez deslizándose bajo nuestra almohada, cuántas veces mirando al mar hemos estado seguros que desde algún lugar una sirenita nos miraba (aunque francamente yo imaginaba tiburones) y cuántos corazones maduros siguen conservando un alto grado de pureza. Desconozco si las palabras de aquel chico italiano eran las de un charlatán o las de un soñador. Y a fin de cuentas, qué es lo que tendríamos que perder, tan sólo un puñado de euros, creo que una ilusión, o la simple posibilidad, aunque hablemos de efecto placebo, no tienen precio alguno.

NOTA: El chico italiano me dio su teléfono, quiero decir su número. Si a alguien le interesa lo tengo apuntado en un papelito. También me comentó lo que cuesta un frasco y lo que dura, pero nunca me ha gustado hablar de dinero, así que si alguien (de entre esos cientos de miles de personas que me leen) está interesado, también dispongo de esa info y es absolutamente asequible.

OTRA NOTA: Creo en las hadas.

2 comentarios:

El Capitán Escarlata dijo...

Creo mi Señora que es estupendo que en el mundo todavía quede gente buena como Vuestra Merced con ilusión y con ganas de ayudar. Os nombro Dama Escarlata y por tanto, os suplico que, si lo tenéis a bien, recojáis en mi cuaderno de bitácora el anillo de la encomienda,… tenéis el premio de sobra merecido.

Expresiones premiadas varias.

Leila Sand dijo...

¡Ay de mí!,ésto vale mucho más que un simple comentario.