jueves, 12 de marzo de 2009

Mi desahogo

Hace apenas un par de semanas estaba en la habitación de un paciente, joven, 19 años, me enseñaba sus dibujos, dibuja muy bien y le encanta el “manga”, me hablaba de sus planes, tenía pensado dedicarse al mundo del comic, yo bromeaba diciéndole que a mí lo del manga no me molaba, que seguía siendo fiel a Walt Disney, aunque algunos de sus personajes por el uso indiscriminado que de ellos se hacía, se hubieran convertido en una verdadera pesadilla; y que verdaderamente donde estuviera un Peter Pan, o una Alicia en el País de las Maravillas, y sin olvidar a Goofy, que se quitase el manga.

En cualquier caso el manga encierra un gran enigma, porque vamos a ver, ¿manga corta?, ¿manga larga?, ¿manga rangla?, ¿manga por hombro?, ¿corte de mangas?, ¿manga pastelera?, ¿mangas verdes? exactamente, ¿que manga?, qué clase de manga es eso.

Después de decir toda esta retahíla de chorradas para enfrentarme al desánimo, lo que quería contaros, es que estabamos comiendo el martes, cuando una compañera me suelta mientras engullía un “cacho“ pan: “pues al paciente de la 502, el chico de 19 años, le van a trasladar a… está ya sedado y la madre parece no enterarse de nada, está algo despistada”. Se me hizo un nudo en la garganta y pregunté temerosa: ¿se está muriendo entonces?, la respuesta fue un antipático y contundente sí, mientras seguía devorando lo que le quedaba de pan y cambiaba el tema con una frialdad asombrosa.

Cómo se puede hablar con tanta indiferencia, en cualquier momento y sin ni siquiera atragantarse, de alguien que se está muriendo, de alguien a quien has mirado a los ojos, a quien has intentado acariciar el alma, de alguien con quien has compartido un poco de ti, de alguien que dejará un vacío en otras vidas. No consigo acostumbrarme a ésto, no puedo evitar sentir tantas perdidas, no puedo evitar derramar lágrimas inútiles, no puedo evitar que las penas entren y me lastimen, ni puedo evitar entristecerme.

La muerte es nuestro fin natural, lo sé y me cuesta tanto aceptarlo…no logro acostumbrarme a vivir con ella, o más bien no logro acostumbrarme a ser adulto, me resulta cruel, y me da mucho, mucho miedo. No creo estar preparada, aún, para afrontar mi propia muerte y me cuesta aceptar la de los demás.

Sólo espero que si algún día estoy comiendo pan, y hablo de alguien que se está muriendo, se me siga haciendo un nudo en la garganta y las lágrimas sigan resbalando por mis mejillas. Espero también que allá donde quiera que vaya a irse Denis, haya lápices de colores y pueda dibujar eternamente sobre un lienzo de cielo.

2 comentarios:

Jose Marzo dijo...

Querida Leila, holaaaaaa!!!!!!!

Que noche más bonita, a pesar del loaileo que nos marcamos más de uno.

Kisses, además de besitos

Leila Sand dijo...

Aynsss Marqués!!! sólo nos faltó encontrar un lugar especial y quedarnos en el coche mientras amenecía y escuchábamos el pedazo CD que ME HAS REGALAO!!!! .

Me alegra infinito volver a verte, y tb por aquí.

Uno beso