jueves, 6 de mayo de 2010


















Me pregunto por qué abandonamos en el camino personas que en algún momento, y en nuestras vidas tuvieron un gran peso específico.

Me pregunto por qué todas aquellas personas que formaron parte de nuestras vidas y que llegaron a nuestros corazones fueron olvidadas en algún lugar del que no consigo acordarme.

Me pregunto por qué, por porqué, por qué somos tan absolutamente imbéciles de prescindir de aquellas personas que nos hicieron reir, llorar y consiguieron despertar sentimientos que un día, como hoy, vuelven a llenar nuestro vacio.

Y me pregunto, por qué ponemos cadenas a nuestros sentimientos, por qué permanecemos atados a lo que detestamos y por qué, hoy, sigo sintiendo este gran vacio.

8 comentarios:

Rodrigo Malaventura dijo...

Hago mia Vuestra pregunta, mi Señora,... también me cuestiono el porqué,... incluso personas que solo formaron parte de nuestra vida unas cuantas horas,... y que sin embargo, nos dejaron una huella indeleble.

Expresiones de una lejana cena varias.

Leila Sand dijo...

Capi, ¡qué bonito suena!.

Uno beso

Mar dijo...

No te hagas esas preguntas. Te harán daño y, posiblemente, no conseguirás nunca las respuestas. En todo caso, respóndete en forma pasiva:
Abandoné a esas personas que creí que tenían un peso específico... porque no lo tenían.
Olvidé a personas que formaron parte de mi vida, porque no merecían la pena, por eso no logro recordar el lugar en el que lo hice.
No, no eres imbécil por prescindir de personas que te hicieron reír, llorar o creíste que despertaban en ti sentimientos... porque es una fantasía el que hoy vuelvan a llenar tu vacío.

No ponemos cadenas a nuestros sentimientos y seguimos atados a lo que detestamos. No es cierto. Si seguimos atados es, porque ni los detestamos, ni deseamos romper esas cadenas.

No te atormentes. Si tienes que mirar hacia algún sitio que no sea el presente, mira siempre hacia el futuro, no vuelvas la vista atrás.

Saludos.

Leila Sand dijo...

Hola Mar, es grato recibirte.

No siempre es fácil romper con las ataduras, de ahí el Síndrome de Estocolmo, por ejemplo.

Me encanta tu visita y el optimismo de tu comentario.

Gracias y un abrazo.

José Luis Martínez Hens dijo...

Buenas preguntas siempre y cuando tengan sus respuestas

Leila Sand dijo...

Hola José Luis, te he visto algunas veces por la casa del Virginiano, y francamente tienes algunos comentarios que me han hecho reir en más de una ocasión.

Te agradezco la visita.

leila sand dijo...

He intentado devolverte la visita, pero no puedo acceder a tu blog.

Anónimo dijo...

El Virginiano...¡menudo fraude!