viernes, 16 de abril de 2010



Corría también cualquier año, y con ojos de admiración contemplaba a mi madre, pensando, que estaría siempre a mi lado. Por aquel entonces, lejos de nosotras, se encontraba el sufrimiento que años más tarde marcaría nuestras vidas para siempre; aunque bien pensado, ella y en cierta medida yo, estábamos ya marcadas, y aunque apenas era una niña, mi metamorfosis en mujer ocurrió de forma tan inesperada que aún hoy, no he podido digerirla.
Su sufrimiento durante muchos años estuvo en echarle un pulso a la vida para sacar adelante a tres hijos, ahora se habla con demasiada frecuencia y con demasida facilidad de madres coraje, ¡madre coraje, la mía! que se enfrentó a una sociedad cerrada y reaccionaria, que la señalaba con el dedo por el simple hecho de ser una mujer divorciada, ¡madre coraje, la mía! que renunció a todo en pos de sus hijos, que se enfrentó absolutamente sola a aquel sufrimiento que hubiera derrotado a la mismísima Agustina de Aragón. ¡Madre coraje, la mía! que consiguió llenar todas nuestras ausencias, que llenó nuestra casa de amor, trajo la paz a nuestras vidas y alimentó, no sólo nuestro estómago, si no nuestras almas. ¡Madre coraje, la mía! que consiguió hacer de nosotros personas buenas, honestas y generosas, ¡madre coraje, la mía! que con dignidad supo encajar otro golpe bajo que la vida le tenía reservado, su primer cáncer, y que con dignidad, encajó un nuevo golpe, su segundo cáncer. ¡Madre coraje, la mía! que dio todo a cambio de nada, que caminando bajo la lluvia con el frío calándole los huesos salía a trabajar, cuando Madrid empezaba a despertar, sin olvidarse ni un sólo día, de llamar por teléfono y despertanos para ir al colegio. ¡Madre coraje, la mía! que jamás, a lo largo de su vida, pudo permitirse bajar la guardia y ¡madre coraje, la mía! por méritos propios y porque sin estar ya con nosotros es capaz de seguir secando mis lágrimas.
Sigo recondándola y sigo recordando aquellas canciones, que como ésta, conseguían robar una sonrisa de sus labios, y si cierro mis ojos puedo verme a su su lado y llenarme de ella.





4 comentarios:

Rodrigo Malaventura dijo...

¿Pero como es posible, mi Señora?,... ¿Como es posible que no os haya leido antes?,... es bueno recordar asi a una persona importante y querida ¿Verdad mi Señora?,... claro que si.

A Escarlata le encantaría.

Gestos sonrientes variados.

Leila Sand dijo...

Querido Capi, supongo que así esas personas nunca podrán marcharse del todo.

Un beso con abrazo

Magiie dijo...

Vaya lote de llorar que me acabo de pegar leyendo esto. No me malinterpretes, es muy bonito y triste a la vez.

Tu madre, desde donde esté seguro que sigue luchando por vosotros.

Un beso.

Leila Sand dijo...

Querida Magiie, me alegra mucho verte, y siento caer en el tópico de infancia difícil, pero así fue.

Otro día tenemos que reirnos a mandíbula batiente.

Un fuerte beso