miércoles, 23 de junio de 2010



Una llamada, seguida de un impulso, o el sentimiento del deber, me pusieron en contacto con él.

Al mirar sus ojos aterrados comprendí que me necesitaba y que debía hacerle más amable, más humana, la vida a la que su enfermedad le llevaría. Es lo que, utilizando el título de un libro, yo también llamo, la cara humana del cáncer.

He compartido con él y su familia momentos de angustia, me he desgañitado hablando con él, intentando transmitirle cualquier tipo de sentimiento, por insignificante que éste fuese, que me acercara a él, que me acercara a su soledad, a su miedo.

Le he acompañado y he estado a su lado cuando me lo ha pedido y cuanto he podido, e intentado hacerle un poco más humana esta despiadada enfermedad, y ahora, una vez más, me lleno de impotencia, y mis lágrimas recorren, un camino sobradamente conocido.

Me parte el alma, desde el momento que miré a través de sus ojos supe que se iría pronto, pero no termino nunca de prepararme.

Y siento también tener que gritarlo al mundo entero, siento tener que decir que una vez más estoy triste, y llorar en silencio la pena y la desesperanza que siento cuando llega el final.

Bernardo, sé que te estás marchando, sé que tus ojos dejaran de hablarme, ni siquiera te dio tiempo a leer, esa chorrada de libro que te regalé, "el cáncer también se cura", y ¡una mierda!.

Siento una presión en el corazón y ahora sólo pido, a esta puta enfermedad, que al menos, me deje un poco de tiempo, para poder llegar a darte mi último abrazo.


Lo siento.

2 comentarios:

Rodrigo Malaventura dijo...

Leila,... Leila,... ¿Que se puede comentar a esto?.

Yo tambien lo siento.

leila sand dijo...

Capi, tu presencia es lo mejor.

Uno beso